Hola a todos y todas, bienvenidas/os a mi historia...o mejor dicho,la historia de Natalia...

viernes, 31 de diciembre de 2010

El ratoncito Perez


Hace unos dias que Santi nos sorprendió al decirnos que se le movía un diente y justo el dia 28,dia de los inocentes,en el desayuno,se le cayó...lo que provocó una gran alegría...le aplaudimos,le besamos y nos pusimos muy contentos...mi niño se hacía mayor y ya le iban a salir los dientecitos de niño grande.
Estuvo todo el dia muy contento,inclusó nos pidió que lo llevaramos a casa de sus yayos,pues quería darles la noticia...pero por la noche se puso algo triste.Él pensaba que el dientecito nuevo le saldría esa misma noche pero le explicamos que no era así,que el nuevo tardaría un poquito y...pues se llevó un disgusto y se puso a llorar muy,muy,muy triste.Así que le expliqué las ventajas de pasar este trance...que se le cayeran los dientes significaba que se estaba haciendo mayor y que podría a partir de entonces,hacer cosas de chico mayor,como acostarse un poquito más tarde,beber coca-cola de vez en cuando (no le dejamos hasta ahora,por lo nerviosillo que és),escoger en un restaurante su propio menú de mayor,elegir él solito la ropa cuando necesitemos comprarla,jugar más rato a los videojuegos,etc...y creo que funcionó,se fue a dormir más contento y dejó su precioso dientecito debajo de la almohada.
Y el Ratón Perez vino de madrugada a buscarlo,muy silencioso...eso me dijo Santi cuando le pregunté si lo había visto o escuchado :"No,mamá,los ratones son muy silenciosos y rápidos,era imposible despertarme para verlo...no me hubiera dado tiempo ni a abrir los ojos ni encender la luz...".
Y muy amable,le dejó un regalito junto a una carta de agradecimiento por darle su dientecito...seguro pronto volverá a por más.


El cuento del Ratoncito Perez.


Erase una vez Pepito Pérez , que era un pequeño ratoncito de ciudad , vivía con su familia en un agujerito de la pared de un edificio.
El agujero no era muy grande pero era muy cómodo, y allí no les faltaba la comida. Vivían junto a una panadería, por las noches él y su padre iban a coger harina y todo lo que encontraban para comer. Un día Pepito escuchó un gran alboroto en el piso de arriba. Y como ratón curioso que era trepó y trepó por las cañerías hasta llegar a la primera planta. Allí vió un montón de aparatos, sillones, flores, cuadros..., parecía que alguien se iba a instalar allí.
Al día siguiente Pepito volvió a subir a ver qué era todo aquello, y descubrió algo que le gustó muchísimo. En el piso de arriba habían puesto una clínica dental. A partir de entonces todos los días subía a mirar todo lo que hacía el doctor José Mª. Miraba y aprendía, volvía a mirar y apuntaba todo lo que podía en una pequeña libreta de cartón. Después practicaba con su familia lo que sabía. A su madre le limpió muy bien los dientes, a su hermanita le curó un dolor de muelas con un poquito de medicina.
Y así fue como el ratoncito Pérez se fue haciendo famoso. Venían ratones de todas partes para que los curara. Ratones de campo con una bolsita llena de comida para él, ratones de ciudad con sombrero y bastón, ratones pequeños, grandes, gordos, flacos... Todos querían que el ratoncito Pérez les arreglara la boca.
Pero entonces empezaron a venir ratones ancianos con un problema más grande. No tenían dientes y querían comer turrón, nueces, almendras, y todo lo que no podían comer desde que eran jóvenes. El ratoncito Pérez pensó y pensó cómo podía ayudar a estos ratones que confiaban en él. Y, como casi siempre que tenía una duda, subió a la clínica dental a mirar. Allí vió cómo el doctor José Mª le ponía unos dientes estupendos a un anciano. Esos dientes no eran de personas, los hacían en una gran fábrica para los dentistas. Pero esos dientes, eran enormes y no le servían a él para nada.
Entonces, cuando ya se iba a ir a su casa sin encontrar la solución, apareció en la clínica un niño con su mamá. El niño quería que el doctor le quitara un diente de leche para que le saliera rápido el diente fuerte y grande. El doctor se lo quitó y se lo dió de recuerdo. El ratoncito Pérez encontró la solución: "Iré a la casa de ese niño y le compraré el diente", pensó. Lo siguió por toda la ciudad y cuando por fin llegó a la casa, se encontró con un enorme gato y no pudo entrar. El ratoncito Pérez se esperó a que todos se durmieran y entonces entró a la habitación del niño. El niño se había dormido mirando y mirando su diente, y lo había puesto debajo de su almohada. Al pobre ratoncito Pérez le costó mucho encontrar el diente, pero al fin lo encontró y le dejó al niño un bonito regalo.
A la mañana siguiente el niño vió el regalo y se puso contentísimo y se lo contó a todos sus amigos del colegio. Y a partir de ese día, todos los niños dejan sus dientes de leche debajo de la almohada. Y el ratoncito Pérez los recoge y les deja a cambio un bonito regalo.

martes, 28 de diciembre de 2010

5 Consejos para los Hermanos


1.¡Recuerda que no estás solo!
 Todas las familias enfrentan los desafíos de la vida. Y sí, el autismo es un desafío… pero, si observas detalladamente, casi todo el mundo enfrenta algo difícil en la familia.


2.Enorgullécete del hermano.
 Aprende a hablar sobre el autismo y a sentirte cómodo describiendo este trastorno a otras personas. Si te sientes cómodo con el tema, ellos se sentirán cómodos también. Si te avergüenzas de tu hermano, tus amigos se darán cuenta y se sentirán incómodos también. Si hablas abiertamente sobre el autismo con tus amigos, ellos se sentirán cómodos. Como todo el mundo, algunas veces sentirás ternura por tu hermano y otras veces sentirás odio. Está bien sentir lo que estás sintiendo. Y muchas veces es más fácil cuando le puedes hablar a un consejero profesional para que te ayude a entenderlo. Quiere a tu hermano exactamente como es.

3.Mientras está bien sentirte triste de que tu hermano tenga autismo, no ayuda para nada sentirte mal y molesto por mucho tiempo.
Tu rabia no va a cambiar la situación, sólo te hará sentir más triste. Recuerda que tu mamá y papá pueden sentir lo mismo que estás sintiendo tú.

4.Dedícale tiempo a estar solo con tu mamá y papá.
Hacer actividades juntos como familia con o sin tu hermano fortalece los vínculos entre la familia. También es bueno que a veces quieras estar solo. Tener un miembro de la familia con autismo puede consumir mucho tiempo y atraer mucha atención. Tú necesitas sentirte importante también. Recuerda que incluso si tu hermano no tuviera autismo, necesitarías estar a solas con tu mamá y papá.

5.Encuentra una actividad que puedas hacer con tu hermano.
Te sentirás feliz de conectarte con tu hermano, incluso si es tan sólo armar juntos un rompecabezas. No importa las dificultades que tenga, hacer algo juntos los une. Tu hermano estará esperando la llegada de esta actividad contigo y te recibirá con su sonrisa especial.

RECUERDA SIEMPRE QUE...

RECUERDA SIEMPRE QUE...